En el 2012 se hizo la ley 80 para incentivar el desarrollo de hoteles en Panamá. Esta ley fue una continuación de una ley hecha en los 90s cuando casi no habían hoteles. Aquellos hoteles nuevos recibirían beneficios fiscales durante la construcción y en la operación. Esto causó que la infraestructura hotelera creciera convirtiéndose en una de las mejores en América Latina.

Desafortunadamente, la promoción turística no acompañó el crecimiento. Históricamente hemos tenido muy malas administraciones en la Autoridad de Turismo de Panamá. Sumado a un monopolio aéreo que impidió el crecimiento de visitantes por los altos costos de los pasajes.

Por supuesto, los hoteleros son el gremio más fuerte. Cuando hicieron una ley para darse incentivos también decidieron bloquear a la competencia. Airbnb en Panamá era bastante nuevo en el 2012. Hicieron una ley bastante illegal prohibiendo el alquiler en la ciudad de Panamá por menos de 45 días. Esto es un atentado claro en contra del derecho a propiedad. Las juntas directivas de los edificios deben ser quienes establezcan si se puede o no, y bajo qué condiciones.

El concepto de hospedarse en casas, apartamentos o cuartos es mucho más antiguo que la hotelería moderna. Desde que existe el turismo ha existido este concepto. Lo único que ha cambiado es la tecnología. Turismo, por excelencia, es la industria que más se distribuye en una economia. Llega a todos los estratos sociales, en todas partes de un país. De forma directa o indirecta, todos nos beneficiamos del turismo. Querer bloquear Airbnb en Panamá es absurdo, especialmente considerando que hay una demanda por este tipo de alojamiento.

Sin duda, la industria del turismo ha cambiado y seguirá cambiando. Hay que adaptarse para poder competir. Los hostales también han evolucionado de algo muy básico a hermosos alojamientos que cuestan hasta más que hoteles. Alquilar una casa o cuarto de alguien brinda ingresos directo a familias locales. Además, genera empleos. Estas economías compartidas (como Uber) son importantísimas para que muchas familias, especialmente clase media, paguen sus cuentas. Prohibir algo que quiere el turista perjudica al país. Y también perjudica a los hoteleros, por qué si estuviese regulado, Airbnb tuviera que pagar impuestos.

¿Quieres ver mi entrevista en Telemetro? Kiener niega que alquiler a través de AIRBNB sea competencia desleal